domingo, 20 de septiembre de 2015

32- EL SUEÑO DE BOQUETE. (Parte 1)



 EL SUEÑO DE BOQUETE.  (Parte 1)

El adjetivo que mejor le queda a este lugar, es el de mágico. Se podría decir hermoso, natural, bello, pero no terminan de describirlo, mágico es el que mejor le queda (Palabras de Luis viendo el río en la noche).



Muchas veces el no tener ningún tipo de expectativa termina por sorprenderte, y más cuando se llega a un lugar donde la naturaleza brota en miles de formas como Boquete en Panamá. Nosotros llegamos a Panamá por la frontera de Paso Canoas que está del lado del  Océano Pacifico, y nuestra primer oportunidad de bajarnos ya en suelo panameño fue la ciudad de David (mi tocaya), pero no sabíamos que íbamos a encontrar en dicho lugar.  David es una ciudad con un estilo diferente, con un parque dedicado a Miguel de Cervantes y una iglesia de un estilo peculiar, pero lo demás son negocios, tiene mucho movimiento y es la ciudad principal de la provincia de Chiriquí, pero en el hostal donde nos estábamos quedando llegaban muchos extranjeros y cuando les preguntaba que de dónde venían o a donde iban, muchos mencionaban Boquete. Así que el jueves 11 de septiembre nosotros decidimos ir a conocerlo sin saber que íbamos a encontrar, nuestro plan original era ir a pasar una noche y regresar, al final nos quedamos una semana entera.
El trayecto en el bus fue de una hora, y en cuanto salimos de David comenzó a cambiar el panorama, con montañas, pueblos, y una naturaleza que comenzaba a mostrarse. En cuanto llegamos al tranquilo pueblo notamos el cambio en el clima. El clima en Boquete es perfecto, con mañanas despejadas y llenas de sol, se siente hasta un poco de calor, y por la tarde comienza a refrescar y en esta época del año las montañas comienzan a llenarse de nubes y por lo general llueve. Nada que ver con el intenso calor húmedo de David.
En cuanto llegamos Luis notó que frente al parque había un hostal, era el hostal Palacios, fuimos a preguntar y nos atendió Pancho, un panameño muy buena gente y muy platicador, quien junto con su esposa de origen chileno, atienden un muy peculiar hostal, hecho de madera, con un patio lleno de árboles frutales con sillas y hamacas,  donde la decoración interna está llena de posters, pinturas, fotografías y recortes de revista. Desde la primera noche Panchito nos hizo sentir como en casa, así que optamos por quedarnos en su hostal casi toda la semana.
La primera tarde que llegamos estaba lloviendo pero en cuanto dejo de llover,  fuimos a comer al restaurante “el Sabroson”, el cual fue por varios días nuestra principal fuente de alimentos, por ser económico y porque los guisos estaban sabrosos y los platos bien servidos, pero lo que más nos gustó fueron las hojaldras, que eran como empanadas fritas pero sin relleno,  y las tortillas, las cuales no tienen nada que ver con las tortillas en México, pues eran como una especie de gorditas fritas hechas con masa de maíz y queso. 
Esa primera tarde después de comer fuimos a caminar un poco, así que tomamos un sendero hacia arriba y de pronto la naturaleza comenzó a dejarse notar, caminamos sobre la carretera y de pronto se aparecieron pinos, flores, árboles frutales, corrientes de agua, cultivos de frutas y verduras, pero la lluvia regreso así que comenzamos a bajar y en eso paso una camioneta que nos subió para llevarnos hasta la entrada del pueblo. Por la noche fuimos a caminar al parque central, el cual nos encantó su estilo de cuento europeo, con un reloj muy distintivo, con un kiosco central y con unos faros en miniatura que le daban ese aspecto de ser de un cuento. 
 
En la noche fuimos a caminar al puente principal de Boquete que pasa por arriba del río Caldera, la vista desde allí es muy linda, pues el puente es de estilo moderno, tiene una vista de un lado hacia una cruz iluminada en lo alto de un cerro, que con la neblina termina por darle un aspecto muy místico al lugar, y por otro lado el rio corriendo a lo largo.

Una de las principales atracciones de venir a este lugar es subir a la cima del Volcán Barú, el punto más alto de este país,  desde arriba se alcanza a ver los dos océanos en un día despejado pero Septiembre no es la mejor época para hacer el recorrido. De entrada lo que más se recomienda es comenzar a caminar las 12 de la noche para llegar arriba a ver el amanecer.  Hay que caminar toda la noche, el trayecto sonaba bastante mágico pero muy pesado y por la gran cantidad de lluvias no nos recomendaron tanto subirlo, pero nos quedamos con las ganas de hacerlo.
Las experiencias de Boquete fueron tantas que me obligan a escribir en varias partes la columna, así que estaré escribiendo a marchas forzadas para tenerles la experiencia completa en los próximos días.

Escrito por David Herrera
                                                                                               14 de Septiembre de 2015.

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