jueves, 24 de septiembre de 2015

32. EL SUEÑO DE BOQUETE. (Parte 5)



EL SUEÑO DE BOQUETE.  (Parte 5)
Las estrellas aquí son incontables.

 
 
La invitación de Papo de pasar una noche en su finca de pronto se convirtió en esa excusa que nosotros estábamos buscando para no irnos de Boquete, por toda la magia que habíamos encontrado en dicho lugar.
Pero llegar hasta la finca de Papo no fue tan fácil por cuestiones de comunicación. Finalmente cuando pudimos hablar con él directamente, nos mencionó que su esposa estaba en una cita con el médico y que no sabía a qué hora regresaría, pero que si nosotros podríamos ir subiendo él nos esperaría allá. Así que tuvimos que subir con nuestras  mochilas pero solo unas pequeñas pues las maletas grandes no las iban a cuidar en el hostal, rápidamente conseguimos el aventón que nos llevaría y terminaron dejándonos en la puerta de la finca; subimos y esperamos a Papo quien no tardo más de cinco minutos, en cuanto subimos a la casa de madera donde ellos vivían se me vino a la mente lo que nos había dicho Papo un día antes:  “La tierra aquí es muy noble todo se da, y nosotros somos gente humilde pero tenemos todo”, y así era Papo tenía una finca donde trabajaba la tierra con distintos cultivos y desde donde se apreciaba la fuerza de la naturaleza, este señor nos platicó que a él le han ofrecido mucha plata por sus terrenos pero que él no lo vende por nada del mundo pues sus tierras valían más que todos esos dólares, y tenía razón. 

 


En la casa de Papo hay toda clase de animales, los cuales conviven de una manera muy amigable, desde gansos, pollos, gallinas, gallos, un perico parlanchín, varios perros sumamente amigables de distintas razas, gatos, gatitos, y hasta un caballo que vive en un corral atrás de una las líneas principales del canopy que su hijo Manuel atiende. 













Esa tarde nosotros les  pensábamos hacer unos tacos de carne asada, pero a falta de asador terminamos cocinando en la cocina de la casa de madera. La casa no tenía luz eléctrica, solo un generador que prendían de dos a tres horas por la noche. Así que la experiencia de cenar en una cocina de madera con solo un foco, a mí me confundía un poco, pues por algunos momentos la cocina con toda su decoración se asemejaban demasiado a una pintura. Papo y Suly se fueron  dormir como a las nueves pues ellos son gente del campo que madruga todos los días. Luis y yo nos fuimos a nuestro techito donde estaba la casa de campaña, y allí estuvimos despiertos hasta después de medianoche. 
Esa noche fue algo sumamente especial, pues aunque hacia algo de frio, Papo nos había prestado unos abrigos y la señora Suly unas cobijas, nosotros estuvimos admirando el espectáculo de la noche, con una serie de relámpagos que alumbraban a lo lejos la zona de Boquete y  los cuales cambiaban el panorama cada que se alumbraba el cielo, el contorno de las montañas en la noche también le daba un aspecto muy mágico y misterioso a la noche, pero lo más impresionante fueron   las estrellas. Esa noche el cielo estaba tan estrellado que era fácil dejarse llevar,  pues eran tantas y formaban formas y figuras que a nosotros nos tenían maravillados, incluso había una constelación en forma de cruz, que se asemejaba mucho en tamaño y forma  a la cruz iluminada que desde Boquete se alcanzaba a ver en lo alto de un cerro.  Otro espectáculo fue el de la estrellas fugases que estuvieron cayendo constantemente, yo en toda mi vida no había pedido tantos deseos como esa noche. En esa ocasión nos fue difícil el tomar la decisión de irnos a dormir y dejar de ver el espectáculo pero llego un punto que nos dolían los ojos por estar fijando la vista a lo lejos para ver los relámpagos y las estrellas.  
Al día siguiente nos despertamos y la señora Suly nos tenía el desayuno listo,  consistía de huevos de la misma granja hechos con chorizo, con tortillas de maíz panameñas también hechas con maíz que se cultivaba allí mismo y un delicioso café de la zona de Boquete, el cual tenía un sabor y un aroma deliciosos. Luego fuimos a caminar y a encontrarnos con Papo quien ya estaba trabajando sus tierras desde las seis de la mañana. Él junto con uno de sus trabajadores, quienes son indígenas de la zona, nos mostró sus cultivos de cebollas, lechugas, repollo, fresas, maíz, su carpa donde secaba verduras y luego cuando le dijimos que si  nos podía bajar al pueblo para irnos en el bus ya de regreso a la ciudad de David para irnos en la noche a la ciudad de Panamá, él nos comentó que al día siguiente él iba a ir a David a llevar a su esposa a hacerse unos análisis y que nos podíamos quedar otra noche y al siguiente día nos llevarían hasta la terminal en David. Justamente nosotros seguíamos buscando alguna excusa para quedarnos otra noche, y esa fue la excusa perfecta.  A mediodía pudimos conocer algunos de los hijos de Papo y Suly, y nos tomamos una foto para el recuerdo con ellos y nosotros sosteniendo las banderas. La señora Suly les había preparado a sus hijos un Sancocho (caldo) de pollo y nos dio para que probáramos, yo vi que ella misma había limpiado el pollo y lo había puesto a cocinar con algunas verduras, para ser algo tan simple tenía un  sabor exquisito, como el caldo de pollo de una abuela. 


 
En la tarde bajamos con Papo a Boquete para ir por el resto de nuestras pertenencias, en el regreso nos invitó unas cervezas. Para cuando llegamos a su casa, la señora Suly ya nos esperaba con un plato de comida.  Antes de que cayera la noche preparamos nuestras cosas y yo me subí a una rampa desde donde salen las tirolesas y me senté a escribir un poco allá arriba, le vista era magistral, por un lado el caballo recorriendo libremente su lomita, las tierras de Papo unas llenas de cultivos y otras solamente con los surcos marcados en el suelo, al fondo las montañas, de un lado el atardecer y en otro extremo una pequeña luna en forma de uña apenas  saliendo. En la noche el ambiente fue bastante calmado, con estrellas que aparecían y súbitamente desaparecían por el pasar de algunas cuantas nubes.
Al siguiente día nos teníamos que ir a las ocho, así que nos levantamos antes, la señora ya nos tenía listo el desayuno otra vez, esta vez eran papas cocidas con 2 pequeños huevos cocidos y una rebanada de queso, con nuestra respectiva taza de café. Al final Papo nos dejó justamente en la puerta de la terminal y todavía nos dio un pequeño regalo para seguir en el camino. Una grata sorpresa para nosotros habernos encontrado con ellos pues fuimos tratados mejor de lo que nos merecíamos.
Boquete es un lugar lleno de misticismo, que a final de cuentas nos atrapo por una semana, yo he llegado a pensar que este pequeño rincón panameño fue el laboratorio donde Dios invento los ecosistemas, aquí él y los suyos esculpieron desde hojas hasta paredes de piedra en las montañas, y en sus tiempos libres pintaron y crearon paisajes inimaginables, para luego esparcirlos por el resto del mundo; simplemente lo que se ve y se siente en este lugar es algo totalmente mágico, es como estar en un sueño, en una película o simplemente dentro de  una fantasía de Disney.

Escrito por David Herrera
                                                                                               22 Septiembre de 2015.

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