miércoles, 23 de septiembre de 2015

32. EL SUEÑO DE BOQUETE. (Parte 4)



EL SUEÑO DE BOQUETE.  (Parte 4)

En la Cascada Escondida, uno se siente diminuto ante tan majestuosa belleza  de la naturaleza.




El lunes  decidimos ir a la ciudad de David con la intención de traernos nuestras cosas y sacar algo de dinero para poder pasar otras dos noches en Boquete, yo anduve un poco incómodo del estómago (gajes del oficio), por esta circunstancia yo regrese a Boquete antes que Luis, por la tarde reposamos y en la noche fuimos a dar unos pasos tratando de subir al cerro donde se encontraba la cruz iluminada pues el lugar se veía bastante místico, pero el camino llegaba un punto en que estaba totalmente oscuro y la presencia de perros nos hizo detenernos, pero pudimos platicar con una muy amable señora ya de edad avanzada, quien era pintora, ella nos comentaba que para ella no hay nada mejor que salir a la naturaleza y ponerse a pintar lo que se encuntra en Boquete.
Al día siguiente, el martes, decidimos ir a conocer las cascadas pues nos las habían recomendado mucho.  Teníamos que volver a tomar la ruta de los quetzales, así que ya conocíamos el camino, comenzamos a caminar con la esperanza de que la gente local nos aventajara un poco, de pronto paso una señora gringa quien nos subió un pequeño tramo y luego tuvimos que seguir caminando, caminamos un poco hasta que de pronto paso una camionetita color café que se detuvo y cuando estábamos por subirnos a la parte de atrás, el señor nos indicó que nos subiéramos adentro del vehículo. Luis se fue adelante, y yo en los asientos de atrás, y de inmediato comenzamos a charlar con el señor, luego de un rato descubrimos que su nombre era Papo, quien muy amablemente nos dijo que su finca estaba en el camino de las cascadas y que nos llevaría hasta ese punto. Papo nos mostró su finca y en algún  punto nos dijo que como notó que nosotros éramos buenas personas, nos invitaba a pasar una noche en su finca y que podíamos poner la tienda de campaña en una pequeña cabañita que tenía junto a su casa. Después de que Papo nos presentó a su esposa Suly, y platicamos un rato con ella,  continuamos nuestro trayecto hasta las cascadas. 
 
Caminamos cuesta arriba unos minutos y llegamos a un sitio con una señora como sacada de un cuento de terror, que nos cobró 4 dólares. Comenzamos a recorrer un sendero, a tan solo unos metros se encontraba un pequeño mirador desde donde se alcanzaban a ver las inmensas montañas y el boquete donde se asentaba el pueblo, nos detuvimos unos momentos en ese punto para luego continuar el sendero, nosotros íbamos tan encantados que nos sorprendió de pronto encontrarnos con un árbol cuyas plantas tenían la forma de un dinosaurio para Luis, y de Godzila para mí, luego nos encontramos con una canasta hecha de enredaderas, y seguimos andando por caminos que de pronto te sacaban a zonas como de bosque y que de pronto pareciera que te llevaban a otras zonas como de  selva. 


Después de unos diez minutos de caminar llegamos a la cascada llamada “El Tatica”, la cual era bastante alta y con una caída de agua considerable, las rocas en su parte inferior eran grandes y algunas con formas extrañas. Allí había una pequeña banquita de madera toda humedecida por la brisa del agua, donde nos sentamos por unos minutos a contemplar ese fino velo de agua  que la cascada le hacía a la montaña. 

Posteriormente regresamos por la amenaza de lluvia, íbamos rumbo al sendero de regreso cuando nos encontramos con que pasamos otra cascada llamada “la Escondida”, vimos que cobraban tres dólares por persona, pero nosotros ya solamente traíamos tres por los dos, así que fuimos con la señorita de la entrada y le solicitamos un dos por uno, y ella accedió. Nos comentó que era una hora de ida y una de regreso, que el camino no era fácil y que no nos saliéramos del camino por que podría resultar peligroso. Nosotros caminamos en un terreno bastante resbaladizo y con unos puentes inconclusos y uno incluso que había sido afectado en sus escaleras por un inmenso tronco que justamente había caído en ese preciso lugar. En algunos puntos había que pasar por unas tuberías como si fueran puentes y recorrer senderos de madera la cual estaba toda llena de musgo con un verde muy vivo. Había zonas donde avanzar no era fácil pues había que escalar un poco las piedras. Finalmente llegamos a un punto en que, un inmenso cerro de pronto se cortaba y dejaba ver unas caídas de agua que aunque no llevaban tanta fuerza como la otra cascada, si eran demasiado impresionantes. En algún punto del regreso se nos apareció un colibrí y  yo pude ver una mariposa con colores sumamente interesantes, blanca por la parte de abajo y con un tono café que se iba diluyendo en la parte posterior. Al final la lluvia nunca llegó.

 


Al regreso nos aventajo una camioneta en el camino y luego pasamos por una serie de fincas, en una de ellas, que parecía un restaurante, se leía: “MI jardín es su jardín”. Luis y yo decidimos entrar y vimos un jardín mágico con casas de colores para las  aves, con flores de todos colores, con  ríos en miniatura, con estanque de pescados,  con puentes colgantes con figuras para niños y demás cosas bellas.


Escrito por David Herrera
                                                                                               19 de Septiembre de 2015.

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