EL SUEÑO DE BOQUETE. (Parte 2)
“Mira ma, que hay un limón gordo y lo voy a
tumbar” (palabras de un niño trepado en un árbol afuera de su casa en lo alto
de la montaña).
El segundo día que estuvimos por acá fuimos a caminar rumbo al Sendero
de los Quetzales, comenzamos a caminar sobre la carretera y preguntando
llegamos al camino indicado. Primero salimos del camino para ir a observar el
río que por allí corría, para luego pasar un puente por donde pasaban los autos
pero que parecía ser bastante viejo, y en cuanto salimos de ese puente la vista
comenzó a deleitarnos con un
espectáculo autentico y natural.
Con puentes colgantes de todos tipos, desde el puente que llevaba a unas casitas donde había unos niños indígenas saludando, el cual era muy antiguo con maderas rotas y otras rompiéndose, hasta el moderno puente hecho de acero firme que llevaba a una finca de café.


Caminamos un buen trayecto pasando por un puesto donde vendían los vestidos típicos que usan las indígenas de la zona, así como pulseras, morralitos, y demás recuerdos. Después de varios pasos llegamos a la cascada San Ramón la cual está sobre la carretera, allí tome asiento sobre una gran piedra, de un lado del camino se escuchaba el correr del río, y del otro, el caer de la cascada, dos sonidos del agua en ritmos distintos.
Seguimos caminando hasta que nos encontramos con una construcción como en forma de castillo con una puerta de madera pintada de negro, como una historia de terror, allí tomamos una foto y justo adelante nos detuvimos otra vez, había una majestuosa vista donde daba vuelta el río mostrando a sus orillas unos altísimos pinos y desde donde se alcanzaba a ver la estructura del castillo abandonado. En cuanto decidimos continuar comenzó la lluvia así que tuvimos que regresar, una camioneta al ver que íbamos a medio camino con la lluvia decidió acceder a la señal del dedo que nosotros aplicábamos para obtener aventón, unos metros adelante se subieron una muchacha y un señor alemanes a los que habíamos saludado unas horas antes.


Con puentes colgantes de todos tipos, desde el puente que llevaba a unas casitas donde había unos niños indígenas saludando, el cual era muy antiguo con maderas rotas y otras rompiéndose, hasta el moderno puente hecho de acero firme que llevaba a una finca de café.


Caminamos un buen trayecto pasando por un puesto donde vendían los vestidos típicos que usan las indígenas de la zona, así como pulseras, morralitos, y demás recuerdos. Después de varios pasos llegamos a la cascada San Ramón la cual está sobre la carretera, allí tome asiento sobre una gran piedra, de un lado del camino se escuchaba el correr del río, y del otro, el caer de la cascada, dos sonidos del agua en ritmos distintos.
Seguimos caminando hasta que nos encontramos con una construcción como en forma de castillo con una puerta de madera pintada de negro, como una historia de terror, allí tomamos una foto y justo adelante nos detuvimos otra vez, había una majestuosa vista donde daba vuelta el río mostrando a sus orillas unos altísimos pinos y desde donde se alcanzaba a ver la estructura del castillo abandonado. En cuanto decidimos continuar comenzó la lluvia así que tuvimos que regresar, una camioneta al ver que íbamos a medio camino con la lluvia decidió acceder a la señal del dedo que nosotros aplicábamos para obtener aventón, unos metros adelante se subieron una muchacha y un señor alemanes a los que habíamos saludado unas horas antes.


El sábado por cuestiones de dinero y de logística Luis se fue a trabajar
a la ciudad de David, mientras que yo me quede en Boquete, después de desayunar unas empanadas y un pan
decidí ir a ver el rio, y mi curiosidad
me hizo caminar un poco para ver una finca donde había esculturas como para niños, y luego las ganas de tomar fotografías me
hicieron seguir caminando hasta que de pronto noté que llevaba casi cuarenta
minutos caminando, tomando fotos a jardines llenos de flores de todos colores,
cabañas, montañas, puentes, etc. Cuando noté
que había caminado por tanto tiempo me surgió la duda si debía regresar o
seguir caminando, así que al ver a unas señoras afuera de su casa decidí
preguntarles que a donde llevaba el camino, ellas me dijeron que le daba la
vuelta y regresaba al pueblo, pero que era un camino largo y que el sol del
mediodía me iba a quemar, pero me dijeron que era casi la misma distancia
regresar que seguir avanzando. Continúe mi camino por el sendero hasta un
entronque donde noté que era la mitad del camino, sabía que me faltaba como una
hora de caminar, pero justamente cuando iba pensando eso de pronto se me
apareció una entrada del río, donde pude ir a refrescarme la cara y a tomar
fotos. La otra parte del camino era cuesta hacia arriba y de pronto me
encontré con varias fincas con cafetales, y con casitas muy peculiares, en una
de ellas había un niño trepado en un árbol bajando limones. Los árboles
frutales eran tantos y tan variados que de pronto me encontré una guayaba que
se veía deliciosa y termine por probarla, y si era rosa por dentro, jugosa y
con un sabor muy fresco. Después de una
pequeña pausa en una tienda para tomarme un refresco termine por completar el
recorrido y estaba de vuelta en el hostal.
Después de un rato regreso Luis, ambos estábamos algo cansados así que
en la tarde estuvimos en el hostal, luego fuimos a comer y en la noche nos
tomamos un par de cervezas pues Luis quería ir a ver si podía ver el juego del
León en algún bar local. Fuimos a un bar
y si le pusieron el juego a Luis, yo estuve viendo el juego y aparte escuchando
a un grupo internacional que tocaba varios estilos musicales y lo hacían de muy
buena manera, el bajista era tico y lo habíamos conocido unos días antes.
Al día siguiente planeamos ir a conocer Caldera, pues nos habían
recomendado ir a las pozas de agua caliente.
Escrito por David Herrera








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